Finca Campuma

Campumá, cuidador del copal

Finca Campumá

Fundada en 1817, Campumá está enclavada en el valle de la antigua Zapaluta, hoy La Trinitaria, Chiapas; y forma parte de las bien nombradas "haciendas opulentas" o "de magnífico esplendor" del siglo XIX.

Sus corpulentas paredes resguardan secretos del pasado, a la vez que prometen seguir erguidas como la milenaria ceiba maya, cuidando la memoria que aún arde viva y perfumada como el copal en la hoguera del recuerdo.

La historia da cuenta de su vocación productora de ganado, especialmente equino fuerte, apto para los caminos de herradura, pasajes agrestes y tupidos que hasta mediados del siglo XX fueron la única vía de comunicación entre los pueblos de la región.

En el libro Las haciendas de los Llanos de Comitán, la Maestra en Antropología Social, María de Lourdes Herrasti Maciá, menciona que “el ganado, ya fueran vacas, ovejas, caballos, mulas o asnos, tan apreciado por la seguridad que representaba su tránsito por los caminos de herradura, se reproducía con cierta facilidad cerca de Comitán, en Campumá”.

En el mismo título, la historiadora María Trinidad Pulido Solís añade que “Las haciendas productoras de muletos, entre las que se encontraba Campumá (…) enviaban anualmente hasta 2000 recuas para su venta”.

Javier Culebro Siles, sucesor del Doctor Enrique Culebro Carreri, heredero de la finca, recuerda que gran parte de la extensión de Campumá, que ascendía a más de seis mil hectáreas, se destinaba a la crianza de ganado vacuno y caballar, que se comercializaba en Chiapas y en Centroamérica.

Con “Lusitanos Campumá”, a dos siglos de su fundación, esta finca, cuyo nombre significa cuidador del copal, reafirma su añeja vocación y talento para la producción y crianza de caballos.

En sus corredores se pasea el crepúsculo granate. Por sus prados resopla el viento y sus crines se ondulan colina abajo.

Angélica Altuzar Constantino

Lusitanos Campumá

Con “Lusitanos Campumá”, a dos siglos de su fundación, esta finca, cuyo nombre significa cuidador del copal, reafirma su añeja vocación y talento para la producción y crianza de caballos.

Campumá, cuidador del copal,

dador de tierra a los mares del sueño;
cuando siete caminos completan su semana,
me hundo en el verde sombra de tus soles de grama;
y sudo tus silencios
cuando muere la tarde,
cuando el cielo se escapa
por tus techos de coles,
cuando la noche vieja
pone a sus sombrerones
a tocar las historias,
los roncos caracoles.
Campumá, aquel sendero que miramos de niños,
vuelve de tus colinas cuajado de milagros,
voces de la encañada, sobresaltos del pino,
azucenas del claro, frutas de la espesura,
resplandores del lago.
Campumá, conservador del humo
tu nombre de marimba
tiene tallos podridos,
lluvias encarnizadas,
muros entristecidos;
tu nombre de marimba viene de la montaña,
Campumá, caña dulce, pajarito del alba.

Enoch Cancino Casahonda